El autobús de los embargos y la revolución de los compradores

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Los 10 pisos de la calle de Galileo, propiedad de una caja de ahorros de tamaño medio, cuestan, sin plaza de garaje, entre 170.000 y 200.000 euros para superficies que parten de los 90 metros y llegan a 140 en el caso del ático. Dos transeúntes se paran a preguntar y no dan crédito: hace un año les pedían entre 420.000 y 480.000 euros por esos mismos pisos y eso es lo que pagaron los vecinos que compraron hace tres años.

Hace ya tiempo que me pregunto si tiene sentido construir un marketplace orientado a la 'demanda', y no a la 'oferta', que es en lo que se basa ahora mismo todo o casi todo el modelo inmobiliario (y la práctica totalidad de la economía por cierto).

El asunto tiene interés en mi opinión por una razón sencilla de entender: la situación económica está haciendo que la economía sea un mercado de 'vendedores' y no de compradores. Ha sido de compradores mientras ha durado el boom del crédito, gracias al cual han proliferado todo tipo de necesidades, productos y variedades de productos.

Ahora que el grifo 'se ha secado', el público sigue teniendo necesidades que cubrir (y sitios donde vivir), pero las empresas (y mucho menos las inmobiliarias) ya no pueden esperar abundancia de clientes para sus 'catálogos' de productos y servicios. Ya no pueden 'despachar' existencias, y ahora más que nunca se hace necesario buscar al cliente allí donde esté, y saber venderle lo que busca.

Estos últimos años Internet ¡por fín! empieza a ser de utilización masiva. En Internet es donde está la clave para agregar demanda y ponerla en contacto con la mejor oferta. Internet -ahora si- puede ser el lugar donde tenga lugar la revolución de los compradores.